Habilidades Directivas

Para gestionar eficazmente una empresa se requiere tener conocimientos técnicos, tanto los relacionados con la actividad a la que esta se dedica, como aquellos comunes a cualquier negocio (por ejemplo, saber llevar la contabilidad).

Pero no son menos importantes las habilidades directivas, que son todas aquellas capacidades que permiten a una persona (directivo):

Planificar. Fijar objetivos y programar conductas.
Dirigir. Llevar a cabo lo planificado, responder a aquellas cuestiones que se presenten sobre la marcha y relacionarse con otras personas (por ejemplo, compañeros, subordinados, proveedores o clientes). Básicamente, esta capacidad se resume en dos cuestiones: coordinar y motivar.
Controlar. Vigilar que se siguen los procedimientos adecuados y comprobar el nivel de desempeño o resultados alcanzado.

A pesar de su gran importancia, se ha prestado muy poca atención a las habilidades directivas, que se pueden desplegar tanto en contextos organizacionales como en contextos no organizacionales; por ejemplo, en el establecimiento y mantenimiento de relaciones interpersonales fuera de la empresa.

Es una pena que el sistema educativo español dedique tanto tiempo a las materias técnicas y tan poco a un aspecto esencial tanto en el ámbito laboral como en nuestra propia vida: saber tratar eficazmente con otras personas.

Recibimos muy poca formación sobre cómo relacionarnos. Las universidades y las escuelas de negocios deberían cambiar su actual sistema educativo y buscar formadores idóneos para ampliar el conocimiento de los estudiantes en un campo tan fundamental como los valores y las relaciones. Si esto se llevase a cabo, tendríamos en un plazo de tiempo razonable mejores directivos y mejor ambiente laboral en nuestras empresas.

Tipos de habilidades directivas

Aunque no hay ninguna clasificación estándar, podemos agrupar las habilidades directivas en diez temáticas.

  • Dirigir. Consiste en tomar decisiones para llevar a cabo el plan diseñado y para responder a los problemas que se vayan presentando, así como dar instrucciones para coordinar la realización de tareas y motivar a otras personas para que las lleven a cabo.
  • Liderar. Sin proyecto, no hay empresa. Y no hay proyecto que se cumpla sin que alguien se ponga al frente para llevarlo a cabo. Los líderes son esenciales para impulsar la innovación, crear un clima laboral positivo y adaptarse al cambio.
  • Motivar. El trabajo no se hace solo. Y no se hace igual con ganas que sin ellas. Cuando no se está motivado, el trabajo se hace sin brillantez, con pena y sin gloria. O peor aún, sin cuidado, generando más costes de los necesarios o sin la calidad debida. Por lo tanto, lo primero y más importante en cualquier empresa es contar con trabajadores motivados. Motivar implica incentivar, animar, socializar y reconocer el esfuerzo o los resultados obtenidos.
  • Comunicar. La comunicación es a la organización lo que la sangre al organismo. Cuando no llega a todas las partes a su debido tiempo surgen serios problemas. Comunicar comprende acoger a un nuevo empleado y orientarle, proporcionar instrucción o información, criticar y persuadir.
  • Ser creativo. Ser capaz de generar ideas útiles es necesario para abordar los múltiples imprevistos que surgen en el desarrollo de cualquier proyecto empresarial y para aprovechar las oportunidades que se presenten.
  • Gestionar el tiempo y las incidencias. Toda actividad consume tiempo, por lo que la única forma de poder hacer más cosas es gestionar mejor el tiempo. Dedicar a cada incidencia el tiempo que merece, ni más ni menos, es fundamental para no verse superado por la gestión de las incidencias.
  • Dirigir reuniones. Juntarse puede ser necesario para debatir cómo debemos actuar ante situaciones problemáticas. O, simplemente, para tratar los próximos pasos a dar en el desarrollo de un proyecto. Sin embargo, muchas veces las reuniones son como agujeros negros del tiempo: solo sirven para perder el tiempo. Saber planificarlas y dirigirlas es imprescindible para que esto no suceda.
  • Gestionar las emociones y el estrés. Dirigir a otras personas o, simplemente, relacionarse, es una actividad emocionalmente exigente y generadora de estrés. Aprender a controlarlo es fundamental para no padecer problemas físicos y conservar la motivación.
  • Delegar y gestionar equipos. Cuando la empresa tiene un cierto tamaño, uno no puede hacerlo todo, y necesita dejar parte de la toma de decisiones en manos de otras personas. Al igual que sucede con la elección de los miembros de un equipo, saber escoger a la persona adecuada en la que delegar es crucial. Asimismo, en la mayoría de las empresas es necesario formar equipos para llevar a cabo el trabajo. Pero trabajar en equipo no es fácil. Saber cómo liderar y dirigir a un equipo es esencial para que este sea eficaz.
  • Negociar. Suele ser inevitable, tanto con empleados, con proveedores o con clientes. Conocer cómo actuar en las negociaciones es necesario para poder salir airosos de estas.
Luis Vazquez IME

 

 

Luis Vázquez Suárez

Subdirector del Instituto Multidisciplinar de Empresa (IME).

Director del Máster en Investigación en Administración y Economía de la Empresa por las Universidades de Burgos, León, Salamanca y Valladolid

Laura García García

Author Laura García García

More posts by Laura García García

Leave a Reply