Como forma de resolver conflictos, la mediación nos ha acompañado a lo largo de los siglos. Kolb, refiriéndose a la tarea de los mediadores, la define como “la segunda profesión más vieja del mundo”, en el sentido de que, en cuanto surgió el primer conflicto, al mismo tiempo aparecieron los primeros mediadores, que aconsejaron el uso de la razón por encima del uso de la fuerza para buscar soluciones.

En España, desde los años setenta del siglo XX, se han ido recurriendo a nuevos sistemas alternativos de resolución de conflictos, que poco a poco han ido ganando protagonismo. Sin duda, un punto clave en el auge de la mediación, ha sido la Ley 5/2012, de 6 de julio, de mediación en asuntos civiles y mercantiles. En su preámbulo, el legislador quiere dejar bien claro que la mediación se ha de deslindar con claridad de la vía judicial o la vía arbitral, ya que la gran diferencia con estos métodos es que la mediación se construye en torno a la figura de un profesional neutral que facilita la resolución del conflicto por las propias partes, siendo éstas siempre las protagonistas del acuerdo.

El principal objetivo que debe tener la mediación es el mantenimiento de las relaciones personales tras finalizar el proceso de mediación. No cabe hablar de “vencedores y vencidos”, se trata de dialogar y negociar con el objetivo de alcanzar un consenso satisfactorio para ambas partes, de manera que se produzca un win-win entre los actores protagonistas.  La posición protagonista que las partes toman en el proceso es la mayor ventaja frente a otras vías de resolución de conflictos, consiguiendo que la solución tomada sea de agrado para todos, a diferencia de si se hubiera acudido a los tribunales.

Abordando la casuística de las empresas familiares, en ellas sabemos que los conflictos que se producen adquieren una peculiaridad especial que convierte a la mediación como el método de resolución de conflictos ideal para solucionar el problema. En estas organizaciones se produce la confluencia de dos mundos antagónicos destinados a entenderse: empresa y familia; la correcta gestión de ambos mundos será la base de su éxito o la causa de su fracaso.

El vínculo emocional existente entre los miembros de la familia empresaria hace que problemas empresariales puedan trasladarse al seno familiar, y viceversa. Puede ser muy perjudicial para la empresa, incluso en ocasiones, una muerte anunciada, acudir a la vía judicial a resolver problemas entre padres e hijos, hermanos o primos. El impacto que produce una sentencia judicial en firme producirá daños emocionales irreparables en la familia que se propagará como el fuego a la empresa. En cambio, la mediación, además de mantener las relaciones entre los miembros de las familias después del proceso, conseguirá incluso que las conexiones entre los familiares se fortalezcan.

Además de lo mencionado anteriormente, otras de las ventajas que la mediación aporta a las empresas familiares (muchas de ellas extrapolables a cualquier tipo de organización) es un menor coste en tiempo, menor desgaste emocional y económico que otros sistemas de resolución de conflictos. Por último, la salvaguarda de la confidencialidad e imagen empresarial que conlleva atajar un problema de una manera rápida e interna con la ayuda de un profesional, hará que terceros no se hagan eco de la controversia o disputa que se pretende arreglar mediante el proceso de mediación. En un mundo empresarial tan competitivo, donde la información fluye cada vez más rápido, es importante mantener la tranquilidad de nuestros stakeholders no sacando a la luz problemas internos, que muchas veces se podrían atajar mediante un proceso comunicativo con el apoyo de un tercero que nos asegure la salvaguardia de la información tratada en el proceso.

A la hora de iniciar un proceso de mediación, normalmente será una de las partes la que le proponga a la otra acudir a este método alternativo de resolución de conflictos. Una vez realizada la tarea ardua de convencer a la contraparte, nos encontramos con uno de los momentos claves de este proceso, encontrar un buen mediador. Para afrontar un problema en una empresa familiar, el mejor mediador con el que se puede contar es un tercero en el que ambas partes confíen por su imparcialidad, sus conocimientos y su actitud ecuánime. La principal función de esta persona será facilitar la comunicación y el acercamiento entre las partes. En el caso de no encontrar dicho perfil o no llegar a un acuerdo entre las partes sobre quién  va a actuar de mediador, podemos acudir a un mediador profesional, que según el artículo 11 de la Ley 5/2012, serán aquellas personas que cuenten con título oficial universitario o de formación profesional superior y hayan realizado formación específica para ejercer la mediación, adquirida mediante la realización de uno o varios cursos impartidos por instituciones acreditadas.

Regular un sistema de resolución de conflictos en la empresa familiar como medida preventiva, es una temática tabú hoy en día para muchas empresas, al igual que preparar una sucesión adecuada en la gestión de la misma. Sin embargo, hay que aprovechar herramientas como el protocolo familiar, para incluir en ellos una cláusula donde acordemos qué vía vamos a utilizar para solucionar los conflictos en la empresa, y en el caso recomendable de optar en primer lugar por la mediación, incluso indicar expresamente a qué órgano o persona vamos a acudir para que actúe de parte mediadora en el conflicto.

En definitiva, ante problemas de carácter familiar que puedan afectar a la empresa, es recomendable usar la vía de la mediación con carácter previo al arbitraje o la vía judicial, ya que nos asegurará una resolución de los conflictos mucho más rápida, barata, efectiva y menos dañina. Además, en caso de que no lleguemos a un acuerdo mediante mediación, no debemos olvidar que aún tendríamos abiertas las otras vías de resolución de conflictos.

ricardo-davilaRicardo Dávila Hidalgo: Dirección de Operaciones en Instituto Multidisciplinar de Empresa (IME) y Profesor Asociado en la Universidad de Salamanca.

 

2 comentarios

  1. Es un grave error creer que cualquier persona que tenga la confianza de ambas partes en su imparcialidas pueda dirigir estas mediaciones tan complejas. Es preciso un profesional bien formado y con suficiente experiencia.
    Por supuesto, su primera labor será ganar la confianza de los participantes en él mismo y en el proceso.

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    1. Hola Fernando,

      Gracias por tu comentario. 100% de acuerdo con tu opinión. Cuando hablo de conocimientos, además de referirme a los derivados de unos estudios y experiencia a un nivel global, hay que buscar también los específicos referidos a la mediación, dándole más peso a estos segundos conforme la magnitud del problema sea mayor.

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